TREINTA Y OCHO (II)
“Él me dijo:
Aspiro el perfume de la época
mezclado con el vómito de la política”.
Esperando el final:
el
hongo venenoso
se
expande
y
me veo convertido
en
moneda de cambio,
un
penique, un centavo,
una
miseria de metal
disuelto
en calderilla,
prostituído;
inútil
rebelarse:
no
puedo multiplicarme
como
las arenas
del desierto
ni
desaparecer
como el agua de lluvia
en
la tierra sedienta.
Sé
que estoy ahí,
esperando
la llegada
de
los bárbaros;
mi
corazón sigue
inhabitado,
tendido
por caprichos
salvajes,
necesito
renacer despacio
acechar
el momento
de la herida
coser
y descoserme
las
heridas y desgarros
de
mi triste sino;
no
hay zurcido posible
y
el camino se cierra
a cada paso:
¿Qué
son estas letras
que
escriben el mundo de hoy?
¿Dónde
está el camino?
¿Cuál
es el sentido,
la
bitácora, la alineación
entre
Damasco y Roma?
¡Todos los caminos
conducen
al infierno…!
Mariano
Ibeas 03/03/2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario