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jueves, 12 de abril de 2012

EL TIEMPO IDO

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La leña del hogar

La leña del hogar,
tronco y hojarasca
y aliagas para encender …
soplo sobre los viejos troncos
dormidos de encina,
bajo las cenizas
un punto de rubí,
una resurrección en llamas
y el fuego
llama a la llama del  hogar…
arrimar el puchero,
aviva la brasa
vivo el barbotar  rumoroso
y ferviente del agua
__  siempre el agua hirviente
en el vientre negro del puchero__
y  la abuela que se afana
tras su batería
de ollas, terrizos y arrimaderos,
rumor de arrastre
de trébedes y morillos,
rumor de rabia contenida
golpes  de las coberteras,
tapar y destapar pucheros
por no poder detener el tiempo:
añadir la sal o el pimentón,
probar la sopa y el cocido,
__ no tardarán en llegar del campo
muertos de frío__
de frío y de hambre;
arrimarse a la lumbre,
arrimarse al puchero:
el esplendor de las sopas de ajo
de primero,
luego el cocido de legumbres
judías o garbanzos,
el bacalao y las  patatas,
la gloria de las lentejas con chorizo,
el trago de vino
y el pan que se parte
de un golpe seco
como quien rompe el hielo
de la superficie del arroyo…
La leña del hogar que se amortece
y  mientras tanto,
contemplando el fuego,
lágrimas de rosario
mirando más allá,
oyendo el viento que triza en el tejado,
ver pasar el tiempo
                               el tiempo ido…

Mariano Ibeas                                   

martes, 10 de abril de 2012

La tinta que borra la memoria

APRENDO A BEBER HILO

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Aprendo a beber hilo

Aprendo a beber hilo,
 anudando  el paso de  los días,
una vuelta y otra
como quien hace cesto:
__ paja de centeno y fibra de zarza,
en las largas tardes de invierno__
el  lento avance de la labor de agujas,
punto por punto,
__ “ahora crece, ahora mengua” __
El tic-tic misterioso y danzarín,
como de puntillas,
el choque de agujas en el silencio
y  el brillo a la luz que se filtra perezosa
de atardecer  por la ventana,
el paso lento,
moroso de la lana
entre los dedos sarmentosos
de la abuela:
Tiempo ido, rumoroso, opaco
sobre el tablero de la cuadra
al calor animal
de los bueyes que sestean
o rumian blandamente,
el paso del rosario:
la unión la hace el hilo,
el eslabón de la cadena,
no las cuentas, ni los cuentos
que se desgranan pausados
entre los labios de la abuela…

     Mariano Ibeas                                                        

jueves, 5 de abril de 2012

CAJA DE HILOS

CAJA DE HILOS...

20120405121900-tomas-castanosantan422.jpgCaja de Hilos


Caja de hilos
en mi memoria:
¡Porra, deja eso
que lo enredas!
¡deja las tijeras, que te cortas!
deja el metro,
que lo ensucias,
deja el alfiletero,
deja el ovillo,
la agujas, el huevo de madera
el hilo, los dedales
la caja de los hilos de colores,
las agujas de tejer…
_¡que se sueltan los puntos!—
La labor, la caja de labores,
el cesto de labores de la abuela,
el bastidor, el mundillo,
los bolillos…
Un mundo prohibido,
un mundo cerrado, __gineceo__
Yo, expulsado, una vez más,
del  paraíso
con el atizador
misterioso de la abuela.

Mariano Ibeas                                                               06/02/2012

La imagen es un óleo de Tomás Castaño.

miércoles, 21 de marzo de 2012

DEVUELVEME LA VOZ

Devuélveme la voz,

o el viento de la tarde se llevará el silencio

y el último rumor

de las hojas que volaron

con el poema suelto.

A Blanca...



Permanecer en el tiempo


Permanecer en el tiempo,

en esta herida sin cerrar:

la vida.

Es evidente la cicatriz que deja

permanente:

es la muerte, la tumba, el ataúd

que vela el hueso.

Tan solo son palabras,

ecos sin rastro.

La muerte, imagen sin rostro

velado en el espejo.

__ ¿Hay algo ahí? __ preguntan

Y la respuesta es obvia.

__ ¿Hubo algo o alguien? __ dicen.

Hubo un hombre tal vez

enamorado

y ya no está:

se fue en el agua,

en barro, en polvo;

vivió como una sombra

de sí mismo

Hombre, hambre se ser.

¿Por qué le dieron boca

sino para gritar?

¿Por qué le dieron labios

sino para ahogar el grito

y blasfemar?

¿Por qué le dieron dientes

si no puede remediar su hambre?

No ser sino hacia fuera:

otro, extraño, extranjero,

desasido de sí mismo:

vuelvo sin cesar a mi

desierto.

Hambre de ser

hombre permanente, vivo.

19 /03/2012


Mariano Ibeas

martes, 7 de febrero de 2012

Esta semana...

Esta semana...
CONVOCATORIAS DE FEBRERO
Martes 7 de febrero
Juan Royo, profesor de la Universidad de Zaragoza impartirá este martes 7 de febrero a las 19:30 la conferencia "El maravilloso mundo del cómic" en el Salón Rioja del Patio de la Infanta, en Ibercaja.
Se trata de un recorrido por el mundo del cómic, desde sus orígenes en las tiras de prensa publicadas en los periódicos de los grandes magnates norteamericanos de principios del siglo XX hasta los cómics europeos clásicos como Astérix o Tintín.
Miércoles 8 de febrero


Jueves 9 de febrero
Recital organizado por “Asociación Cultural la Fragua Bohemia” "Recital poético en honor al AMOR"... con las voces de Mª José Moreno, Luis Trébol y Fernando González, 19,30 Edificio Fernández Ordóñez, María Zambrano 57, Frente a Carrefour.

También…
Nos complace invitarles a la inauguración de la exposición

"LAS HUELLAS DE MI PINTURA"

Del artista gibraltareño AMBROSE AVELLANO

que tendrá lugar el jueves 9 de febrero a las 19.30
en el ESPACIO CULTURAL ADOLFO DOMINGUEZ


planta inferior boutique A.D.
CC.Puerta Cinegia. Plaza España
Zaragoza
Se servirá un vino español

más información
http://eugeniomateo.blogspot.com/2012/01/ambrose-avellano-expondra-en-el-ecad.html

Viernes 10 de febrero

jueves, 2 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska

A mi corazón el domingo

Wislawa Szymborska

Gracias te doy, corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.

Tienes setenta merecimientos por minuto.
Cada una de tus sístoles
es como empujar una barca
hacia alta mar
en un viaje alrededor del mundo.

Gracias te doy, corazón mío,
porque una y otra vez
me extraes del todo,
y sigo separada hasta en el sueño.

Cuidas de que no me sueñe al vuelo,
y hasta el extremo de un vuelo
para el que no se necesitan alas.

Gracias te doy, corazón mío,
por haberme despertado de nuevo,
y aunque es domingo,
día de descanso,
bajo mis costillas
continúa el movimiento de un día laboral.

De "Mil alegrías -Un encanto-" 1967
Versión de Gerardo Beltrán

*Tomado de.

http://amediavoz.com/szymborska.htm

lunes, 16 de enero de 2012

CUANDO FRAGA DABA MIEDO

Rosa Montero 15 ENE 2012 - 23:13 CET

Eran los tiempos en los que Fraga daba miedo. Hablo de los primeros años de la Transición, cuando don Manuel tenía un cuerpo de barrilete como de boxeador ajado, una cabeza pétrea semejante a un mojón de carretera secundaria y un temperamento mercurial y vesubiano, de erupción incontrolada pero inminente. Todavía cincuentón, su energía era tan legendaria como la peculiaridad de sus actitudes, y las anécdotas le perseguían como las moscas al buey. Cuando le entrevisté por primera vez, en junio de 1978, todavía se comentaban sus célebres frases (como lo de “la calle es mía”) y sus arrebatos: por ejemplo, que en un mitin en Lugo, pocos meses antes, se había lanzado en persecución de 400 reventadores al grito de “¡a por ellos!”. O que, siendo ministro, había arrancado un teléfono de la pared porque no dejaba de sonar. O lo peor para mí entonces: que, pocos días antes de nuestra cita, había echado a empellones a un periodista porque no le gustaron sus preguntas. Como es natural, todos estos datos me hicieron acudir a la entrevista bastante amedrentada.
Por eso, por el puro miedo, me preparé muy bien el comienzo de la charla, intentando encontrar algún truco que me permitiera desmontar esa bomba de relojería que el político gallego parecía llevar dentro de su amplísima frente. Y así, empecé diciendo que me habían contado dos cosas contradictorias sobre él (“todo hombre es contradictorio”, tronó Fraga cargado de razón). La primera, que tenía un gran sentido del humor, una observación que le encantó: “Lo cultivo todo lo que puedo. Creo que uno de los grandes defectos nacionales es no tener sentido del humor”. Pero también me habían dicho, añadí, que era un hombre violento que me podía echar a la segunda pregunta. Y ahí, claro, don Manuel tuvo que decir que no, que eso solo había ocurrido una vez y con un amigo suyo, que él no hacía esas cosas… A partir de ese momento me sentí más protegida: al alardear de su buen humor, Fraga se veía obligado a demostrar que lo tenía; y tras negar sus brotes de violencia, presumí que le sería más difícil ceder a la tentación de estrujarme el cuello. Y así discurrió la entrevista, que fue difícil, tirante, agresiva por su parte y por la mía, pero también graciosa, chispeante e inolvidable.
Porque era cierto que Manuel Fraga Iribarne poseía un gran sentido del humor, una vasta cultura y una brillante inteligencia, y, al mismo tiempo, también era verdad que de repente parecía cubrirle un velo rojo, que perdía los nervios y farfullaba, que se convertía en un motor pasado de revoluciones y en una fuerza ciega e irracional. Ha sido nuestra más perfecta versión de Doctor Jeckyll y Mister Hide. Un personaje intenso.
Dos años después de aquella entrevista, en 1980, coincidimos como ponentes en un impresionante simposium que organizó la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee (EEUU), sobre los cinco primeros años de democracia en España. El cuarto día, terminadas ya las conferencias, el evento cerró con un coctel-cena en casa del rector. En un momento ya avanzado de la noche me acerqué a la mesa de las bebidas a servirme una copa, pero los cubitos de hielo que llenaban un enorme bol se habían pegado los unos a los otros, formando un iceberg inexpugnable que ataqué inútilmente con las pinzas de hielo durante un buen rato. De pronto, Fraga Iribarne se materializó a mi lado con toda la solidez de su corpachón. "Permítame, señorita", ordenó, haciéndome a un lado. Se quitó la chaqueta, se remangó la camisa por encima del codo de su brazo derecho y, a continuación, comenzó a aporrear la gran masa congelada a puñetazo limpio hasta hacerla trizas. Luego agarró un buen montón de esquirlas de hielo con su manaza y me llenó el vaso. Y, sonriendo, dijo: "¿Ve usted, señorita? De cuando en cuando es necesario el uso de la fuerza bruta". De algún modo fue su punto final a uno de los debates que mantuvimos durante la entrevista. Nunca olvidaba nada.
Los años, la salud y el peso de la edad le fueron calmando, pero siempre mantuvo su originalidad radical y algo alienígena. De hecho, hasta su físico, al envejecer, le fue haciendo cada vez más parecido a un personaje de La Guerra de las galaxias. Hoy lamento la pérdida de este hombre irrepetible: el mundo será más convencional sin su presencia. Además, creo que hay que reconocer su esfuerzo por apaciguar en su momento a la derecha más cerril. Esto es: le agradezco que se comiera a los caníbales.