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viernes, 27 de febrero de 2026

Una abuela hechicera...

 


NUEVE

 

“Él me dijo:

            Una rueca en sus manos. Ella recordaba,

Ella es la abuela hechicera”. (Pág. 203)

 

Una abuela hechicera,

una rueca en sus manos

y el hilo sutil de la lana

que fluye entre sus dedos;

hila y reza,

reza e hila

en las tardes ventosas

que preceden al invierno,

bajo el grito del viento

en la chimenea

donde vuelan sin cesar

encinas en pavesas

mientras desgrana

entre los labios el rosario,

entre los dedos la madeja,

le eterna salmodia

en mis oídos

de los romances

            y los cuentos.

No hay lugar para el llanto,

Si acaso una lágrima

se desliza por el rostro ajado

o se enjuaga en una esquina

del delantal, que lo cela todo…

Sus ojos están vivos

y siguen atentos

el resplandor rojo

            de la hoguera,

y el viejo crepitar del tiempo.

__ el tiempo a su pesar

decrépito__

el gato duerme y ronronea

como un objeto más,

que hubiese dejado ahí

la última marea

o el fluir en torbellino,

varado en las cenizas,

esperando, siempre esperando

que pasen los días y las horas

que se vaya la luz

que venga la noche

y vuelva un nuevo día

a despertar,

a cumplir el rito

a invocar a la luz

de nuevo…

 

            M. Ibeas 1/11/2024

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